Una experiencia personal

TESTIMONIO #002

Día 28 de octubre de 2018

En la Iglesia de San Ramón de Paiporta teníamos un cura nuevo, don Salvador Romero, y ese día hacía la Adoración al Santísimo. Llegué y nada más entrar me emocioné. Pensé que allí había algo precioso. Había una luz y un resplandor inmensos, pensé que era parte de la decoración. Cuando acabó estaba muy emocionada y con mucha paz. Cuando acabó, el sacerdote pasó la custodia entre la gente. La custodia llevaba una luz y un resplandor inmensos.

Día 11 de noviembre de 2018

Cuando llegué, la custodia resplandecía en la mesa del altar, desprendía una luz tan grande que mis ojos no se apartaban de allí. Todo el tiempo estuvo así. Yo solo tenía ganas de llorar y lo hacía en silencio. Cuando acabó y el sacerdote pasó la custodia entre la gente, llevaba una luz y un resplandor tan grandes que me cegaba. El sacerdote paró la custodia un momento delante de donde yo estaba con otras personas. No le podía ver la cara al sacerdote pues me deslumbraba aquella luz inmensa, aquel resplandor… No sé explicarlo de otra manera. La luz resplandeció frente a mí hasta que se acabó la celebración. Salí de allí con una paz inmensa.

Día 25 de noviembre de 2018

Entré en la Iglesia y la custodia tenía el mismo resplandor y la misma luz. Ese día, a mi lado había un matrimonio. La chica lloraba, el sacerdote se paró delante, le puso la mano en la cabeza, yo no podía mirar por el resplandor que emanaba de la custodia, una luz inmensa.

Día 9 de diciembre de 2018

Entré en la iglesia. Ese día don Salvador no estaba, había otro sacerdote. Pensé que llevaba otra custodia pues esta era mate y así fue hasta el final.

Había visto tres veces una luz muy grande que resplandecía y me cegaba. Pensé que había dos custodias. Le pregunté al sacerdote y me dijo que era la misma. La única conclusión que saco es que el Espíritu Santo enviaba un mensaje de luz a mi vida.

Pepita.